El Departamento de Estado de EE.UU. ha aplaudido la decisión de Venezuela de retirarse formalmente de la Corte Penal Internacional (CPI). Según la postura del gobierno estadounidense, la CPI no ha logrado obtener resultados concretos en sus investigaciones sobre Nicolás Maduro. La retirada se fundamenta en la percepción de que la Corte ha aplicado la ley de manera selectiva, mostrando sesgos en su accionar. Funcionarios de EE.UU. argumentan que la CPI se ha centrado desproporcionadamente en situaciones que involucran a Israel, mientras que otros casos de presuntos crímenes de guerra han sido ignorados. Esta decisión venezolana de abandonar la CPI se produce en un contexto de tensiones políticas y jurídicas internacionales. EE.UU. ha sido crítico con la CPI en el pasado, especialmente por su investigación sobre presuntos crímenes de guerra cometidos por soldados estadounidenses en Afganistán.