El vicepresidente estadounidense, JD Vance, declaró el 21 de abril la disposición de Estados Unidos a modificar sustancialmente su relación con Irán. Esta apertura, sin embargo, está condicionada a un cambio fundamental en el comportamiento del liderazgo iraní. Vance enfatizó que Washington espera que Teherán abandone su papel desestabilizador en la región de Medio Oriente. La declaración sugiere una posible vía diplomática, aunque exige una alteración significativa en las políticas actuales de Irán. El vicepresidente no especificó qué acciones concretas se requerirían de Irán para facilitar este cambio. Analistas interpretan la declaración como una señal de que la administración estadounidense busca nuevas estrategias para abordar las tensiones en la región. La postura de EE.UU. busca evitar una escalada del conflicto, pero sin ceder en sus preocupaciones sobre la seguridad regional.
