El ejército de Estados Unidos elaboró un plan para desplegar tropas terrestres en Irán con el objetivo de confiscar uranio altamente enriquecido, suficiente para fabricar hasta diez bombas nucleares. La operación, que buscaba evitar la proliferación nuclear, no fue autorizada por el entonces presidente Donald Trump. Según fuentes de CNN, Trump fue advertido sobre el riesgo de una escalada del conflicto y una fuerte represalia por parte de Teherán. Las potenciales consecuencias incluían una mayor inestabilidad en la economía global. La propuesta generó debate interno en la administración estadounidense debido a sus implicaciones y riesgos asociados. Finalmente, se optó por no llevar a cabo la intervención militar. El plan revela la preocupación de Washington por el programa nuclear iraní y las opciones consideradas para contrarrestarlo.