Estados Unidos está experimentando el mayor brote de sarampión desde 1992, con dos muertes confirmadas en Pensilvania según el gobernador Josh Shapiro. Este repunte ha desatado una fuerte discusión pública entre Shapiro y el Secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., quien ha expresado históricamente escepticismo hacia las vacunas. Shapiro acusó a Kennedy de ser un promotor de la desconfianza en la vacunación, la medida más efectiva para prevenir el contagio. Kennedy, por su parte, contraatacó acusando a la administración de Shapiro de falsificar evidencia. La situación actual pone en riesgo el estatus de Estados Unidos como país libre de sarampión, una designación que podría perderse si el brote no se controla. Las autoridades sanitarias urgen a la población a vacunarse para prevenir la propagación de la enfermedad.