El mercado laboral estadounidense mostró signos de debilidad en julio, registrando una pérdida de 23,000 empleos, contrastando con las expectativas de un aumento de 88,000. A pesar de la disminución en la creación de empleo, la tasa de desempleo se mantuvo estable en un 4,1 por ciento. El economista jefe Bill Adams atribuye este revés a una creciente escasez de mano de obra en el país. Adams señala que la inmigración, que previamente compensó el envejecimiento de la fuerza laboral tras la pandemia, ya no está cumpliendo esa función. Esta situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento económico estadounidense a futuro. El informe del Departamento de Trabajo sugiere una desaceleración en la recuperación del empleo. Los datos indican la necesidad de abordar las causas subyacentes de la escasez de trabajadores.