Estados Unidos e Irán han alcanzado un acuerdo preliminar, cuya implementación definitiva aún es incierta. Mientras Teherán declara el fin de las hostilidades, Israel mantiene una postura de confrontación. Este cese al fuego, logrado gracias a actores pragmáticos, se ve amenazado por posturas extremistas en Washington y Jerusalén que no buscan una solución, sino la eliminación de obstáculos. El conflicto ha demostrado la fragilidad de las antiguas alianzas y garantías de seguridad en la región, especialmente la efectividad del paraguas de seguridad estadounidense para proteger a los países del Golfo. Las relaciones entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y Estados Unidos se han visto afectadas por esta percepción de falta de protección. Además, el conflicto ha exacerbado las divisiones internas dentro del CCG, incluyendo una divergencia en la relación entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, reconfigurando el panorama de seguridad en Asia Meridional y Occidental.