La administración Trump impuso nuevas sanciones a Irán, apuntando a sus conglomerados de ferrocarriles y automotriz, así como a sus proveedores internacionales. El Departamento del Tesoro de EEUU anunció las sanciones como parte de la "Operación Paria Económico", iniciada el 24 de agosto. Esta operación tiene como objetivo cortar el financiamiento de Teherán para actividades como la guerra, la construcción de misiles, ciberataques y la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Las sanciones representan el último esfuerzo de Washington por aislar económicamente a Irán. Las medidas restringen el acceso de estas entidades a las finanzas y al comercio con EEUU. El gobierno de EEUU busca limitar la capacidad de Irán de llevar a cabo estas actividades consideradas desestabilizadoras. Estas acciones reflejan una política de máxima presión sobre Teherán.

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