La economía estadounidense muestra un crecimiento desigual, impulsado principalmente por la inversión en el sector tecnológico y, en menor medida, por el consumo. Este dinamismo tecnológico contrasta con una perspectiva de incertidumbre para el gasto de los consumidores. El reciente nombramiento de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal (Fed) ha estado acompañado de señales que apuntan a un posible aumento de las tasas de interés. El objetivo de esta medida sería controlar la inflación, que sigue siendo una preocupación para la economía del país. La dependencia del crecimiento económico en la inteligencia artificial y la tecnología genera interrogantes sobre su sostenibilidad a largo plazo. Analistas sugieren que la Fed podría priorizar la estabilidad de precios sobre el estímulo al crecimiento económico en el corto plazo.