El dólar estadounidense se consolida como la moneda predominante en las transacciones internacionales, a pesar de la existencia de casi 180 divisas en todo el mundo. Esta hegemonía otorga a Estados Unidos un poder global significativo y conlleva una gran responsabilidad. La preferencia por el dólar en el comercio internacional se debe a su estabilidad y aceptación generalizada. Esta posición privilegiada permite a EE.UU. influir en la economía mundial y en las políticas financieras de otros países. El futuro papel de Estados Unidos en el escenario mundial dependerá, en gran medida, de la gestión de esta influencia económica. La persistencia de esta situación plantea interrogantes sobre la diversificación monetaria a nivel global.
