Estados Unidos deportó a una activista iraní prodemocracia a la República Centroafricana, según su abogado, una medida calificada de “extremadamente peligrosa”. La activista, de origen iraní-estadounidense, fue enviada a un país con el que no tiene vínculos previos. El Fondo de Defensa Legal Iraní-Estadounidense (IALDF) había alertado previamente sobre el riesgo de deportación de tres mujeres iraníes que huyeron de persecución en su país. Una de ellas se había convertido al cristianismo, complicando aún más su situación. La deportación ha generado preocupación por la seguridad de la activista en un país inestable. El IALDF critica la decisión de EEUU al exponer a la activista a un entorno potencialmente hostil.