El Departamento de Estado de Estados Unidos ha expresado su insatisfacción con las recientes reformas económicas implementadas por el gobierno cubano. La crítica se centra en la percepción de que las medidas no abordan las causas fundamentales de las dificultades económicas en la isla. Funcionarios estadounidenses argumentan que las reformas son insuficientes para generar una mejora significativa en la vida de los ciudadanos cubanos. Se señala la falta de transparencia y la persistencia de un control estatal excesivo sobre la economía como obstáculos clave. Washington insta a Cuba a adoptar reformas más amplias y estructurales, incluyendo la liberalización del sector privado y el respeto a los derechos humanos. La postura estadounidense subraya la continuidad de las tensiones bilaterales a pesar de los intentos de acercamiento. El gobierno cubano aún no ha respondido formalmente a las críticas.
