Las fuerzas estadounidenses se retirarán el miércoles de sus últimas bases en Irak, un evento celebrado por Irán y sus aliados, quienes ejercen una influencia significativa en el país donde murieron 4,500 estadounidenses durante más de dos décadas de guerra. Sin embargo, desde su invasión a Irak en 2003, Estados Unidos ha mantenido el control efectivo de los ingresos petroleros del país. Esto le otorga a Washington un poder extraordinario sobre los asuntos de Bagdad, con implicaciones para la dinámica regional que involucra a Irán. El control de los ingresos del petróleo ha permitido a EE.UU. ejercer una influencia considerable en las decisiones políticas y económicas de Irak. Esta situación genera interrogantes sobre la soberanía de Irak y su capacidad para gestionar sus propios recursos. La retirada de las tropas no implica una pérdida de este control financiero, que sigue siendo un factor clave en la relación bilateral.