Al menos 30 personas han fallecido desde mayo en el campamento Kigonze, en el noreste de la República Democrática del Congo. Las autoridades describen esta tasa de mortalidad como un fenómeno sin precedentes, ya que habitualmente se registran entre una y tres muertes mensuales. Algunos fallecimientos han sido confirmados como casos de Ébola, aunque la falta de pruebas diagnósticas dificulta la precisión del recuento. Muchos residentes y familiares se han negado a someterse a las pruebas médicas, a pesar de presentar síntomas como fiebre, vómitos y cefaleas. La organización Caritas y otros líderes civiles han reportado la presencia de múltiples cuerpos, incluidos niños y una mujer embarazada. Esta situación genera el temor de que el virus circule sin detección entre los cinco millones de desplazados de la región. Finalmente, la crisis se ve agravada por la resistencia a las pruebas y la precariedad de las medidas sanitarias en el lugar.
