Un agricultor ucraniano en Jersón fue blanco de un ataque con un dron ruso. El vendedor de verduras, identificado como Yuriy, fue perseguido por el dron antes de que éste descendiera y explotara cerca de él. Este incidente forma parte de una táctica rusa conocida como "caza humana", diseñada para infundir miedo entre la población civil. Las autoridades ucranianas denuncian que este tipo de ataques son frecuentes en la región. El objetivo de estas acciones no es estrictamente militar, sino aterrorizar a los civiles y desestabilizar la vida cotidiana. Este tipo de guerra psicológica busca minar la moral y la resistencia de la población. El uso de drones para este fin es una clara violación del derecho internacional humanitario.

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