Oleșki, una localidad turística en la región de Kherson, Ucrania, se ha convertido en una “zona de muerte” atrapada entre las fuerzas rusas y ucranianas. Antes un destino popular por su paseo marítimo y reservas naturales, ahora está aislada y constantemente amenazada por drones y minas. El único acceso a la ciudad es peligroso, impidiendo la retirada de los cuerpos que yacen en las calles. La situación humanitaria es crítica, con la población viviendo bajo constante peligro y sin posibilidad de asistencia. La ciudad ha sido devastada por los combates y se encuentra prácticamente abandonada a su suerte. Testimonios describen un escenario de terror y desesperación, con la población local temiendo por su supervivencia.