Desde principios de junio, un antiguo edificio de subastas en Nieuw-Sloten alberga a unos doscientos refugiados ucranianos. Sin embargo, la convivencia con el vecindario se ha vuelto insostenible debido a graves problemas de seguridad. Un grupo de aproximadamente treinta personas con problemas de adicción es el causante de las molestias. Los residentes denuncian gritos nocturnos y la presencia de traficantes de drogas en la zona. Incluso se han reportado incidentes degradantes, como excrementos dejados frente a las puertas de las casas. Ante esta situación, los vecinos han dado la voz de alarma para solicitar una intervención urgente. El centro de acogida se ha transformado así en un foco de conflicto para la comunidad local.

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