Carlos de Cordoue, director de la filial ucraniana del Crédit Agricole, se retira tras siete años al frente, dejando un legado de éxito en un contexto bélico. A pesar de la invasión rusa, Cordoue logró mantener la actividad del banco y continuar su trayectoria de crecimiento. Su liderazgo ejemplifica la notable agilidad y resiliencia del tejido económico ucraniano. El banquero destaca la capacidad de adaptación de las empresas ucranianas frente a la adversidad. Esta habilidad ha permitido no solo la supervivencia, sino también el progreso económico en tiempos de guerra. La salida de Cordoue marca el fin de una era, pero también subraya la fuerza del sector financiero ucraniano.

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