Las montañas de los Cárpatos, en la frontera ucraniana, permanecen vigiladas a pesar de la llegada del verano y los restos de nieve en las alturas. La zona, ubicada a 1700 metros sobre el nivel del mar cerca del pico Mezipotoky, es un punto crítico debido a su proximidad con Rumanía y su historia como antigua frontera de Checoslovaquia. Las autoridades ucranianas han intensificado la seguridad en este sector para interceptar posibles deserciones y combatir el contrabando, actividades que históricamente han prevalecido en la región. La vigilancia se centra en los valles montañosos, donde se detectan movimientos sospechosos. La zona fronteriza, aunque remota, sigue siendo un corredor para actividades ilícitas. La presencia militar busca asegurar el control territorial y prevenir el flujo de personas que intentan evadir el servicio militar.
