Durante seis meses, aviones radares suecos han volado dentro del alcance de los misiles rusos, según revelaciones de Kyiv esta semana. Estos aviones, capaces de detectar a 450 kilómetros de distancia, operan en un espacio aéreo donde los misiles rusos más avanzados tienen un alcance casi similar. Sorprendentemente, ninguno de estos aviones ha sido derribado hasta la fecha, a pesar de la evidente vulnerabilidad. La decisión de Kyiv de mantener esta información en secreto hasta ahora plantea interrogantes sobre las tácticas y la evaluación de riesgos en el conflicto. Esta situación destaca la tensión constante y el alto riesgo que implica la operación de activos estratégicos cerca de las líneas enemigas. La falta de incidentes hasta el momento podría indicar una estrategia rusa o la efectividad de las contramedidas ucranianas.