Fuentes revelan que la reciente ofensiva ucraniana se basa en una estrategia de desgaste prolongado, buscando agotar las reservas rusas y debilitar su capacidad logística. El objetivo principal no es una conquista territorial rápida, sino infligir el máximo daño posible a las fuerzas invasoras. La estrategia se centra en atacar puntos clave de mando, comunicaciones y suministros, utilizando tácticas de precisión y aprovechando la información de inteligencia occidental. Analistas sugieren que esta táctica, aunque lenta, podría ser decisiva a largo plazo, obligando a Rusia a reconsiderar su estrategia militar. La frase atribuida, “entonces Moscú también arderá”, refleja la determinación ucraniana de llevar la guerra al territorio ruso si es necesario. La ofensiva busca, en última instancia, crear las condiciones para futuras negociaciones desde una posición de fuerza.
