Ucrania intensificó sus ataques, dirigidos a refinerías y depósitos de combustible en territorio ruso, en el día 1644 del conflicto. Paralelamente, una investigación ucraniana reveló que los componentes de un caza ruso Su-35 derribado provienen de 22 empresas que no están sujetas a sanciones internacionales. Estos componentes incluyen partes cruciales del motor, sistemas de guía y misiles del avión. El hallazgo plantea interrogantes sobre la eficacia de las sanciones actuales y la posible complicidad de empresas en la cadena de suministro de armamento ruso. Las autoridades ucranianas buscan identificar y presionar a estas empresas para que cesen su colaboración con la industria bélica rusa. Esta acción busca debilitar la capacidad de Rusia para mantener y reforzar su arsenal aéreo. El incidente subraya la creciente sofisticación de las investigaciones ucranianas sobre el origen de los componentes militares rusos.