Los ataques ucranianos a refinerías rusas están provocando una creciente escasez de combustible en varias regiones del país, incluyendo las ciudades de Moscú y San Petersburgo. La situación ha llevado a la implementación de límites en las estaciones de servicio y restricciones en el suministro de queroseno de aviación. Agricultores de más de 25 regiones rusas también se enfrentan a la falta de diésel, lo que podría afectar la próxima campaña de siembra. Las autoridades no han emitido declaraciones oficiales sobre la magnitud del problema, pero la escasez es palpable y genera preocupación. Expertos sugieren que la capacidad de Rusia para sostener sus operaciones militares y económicas podría verse comprometida si la situación persiste. La escasez de combustible se considera una consecuencia directa de la estrategia ucraniana de atacar la infraestructura energética rusa.