Ucrania ha puesto en marcha una operación de influencia de 40 días, dirigida por su Servicio de Seguridad, con el objetivo de forzar a Rusia a cesar las hostilidades. Esta iniciativa se produce en un contexto de progresos militares ucranianos, con Kiev recuperando terreno ocupado por las fuerzas rusas. La operación busca ejercer presión sobre Rusia a través de medios no especificados, complementando los esfuerzos en el frente de batalla. El gobierno ucraniano no ha detallado la naturaleza exacta de esta “operación de influencia”, pero confirma su propósito estratégico. Los recientes avances territoriales de Ucrania sugieren un cambio en la dinámica del conflicto. La duración limitada de la operación indica un enfoque concentrado y posiblemente táctico. Se espera que los resultados de esta operación influyan en las negociaciones o en la postura de Rusia en el conflicto.