Las fuerzas ucranianas han logrado neutralizar 36 lanzadores de cohetes termobáricos pertenecientes al ejército ruso. De acuerdo con los informes, veintisiete de estas unidades fueron completamente incineradas durante los ataques. Esta pérdida representa un golpe significativo para la capacidad de fuego pesada de las tropas rusas en el frente. Ante la escasez de equipos originales, Rusia ha comenzado a implementar soluciones improvisadas. Los nuevos reemplazos consisten en cascos de tanques T-72 recubiertos por una carcasa de acero soldada. Esta modificación busca proteger los sistemas de lanzamiento mediante estructuras metálicas rudimentarias. La situación evidencia la creciente presión logística que enfrenta el mando militar ruso.