Ucrania ha estado optimizando sus defensas aéreas mediante la combinación de sistemas de armamento de la era soviética con tecnología occidental moderna. Específicamente, las fuerzas ucranianas están utilizando el lanzador Kub, un sistema de misiles tierra-aire soviético, junto con los interceptores RIM-7 de fabricación estadounidense. Esta combinación híbrida ha demostrado ser efectiva, habiendo derribado aproximadamente 20 objetivos aéreos. La estrategia innovadora permite a Ucrania maximizar sus recursos de defensa frente a los drones propulsados por chorro de Rusia. Esta táctica es crucial dadas las limitaciones de los sistemas de defensa aérea disponibles y la creciente amenaza de vehículos aéreos no tripulados rusos. El éxito de esta combinación destaca la adaptabilidad y la inventiva de las fuerzas ucranianas en el campo de batalla.