El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció su dimisión del cargo y como líder del Partido Laborista tras menos de dos años en el poder. Permanecerá en funciones hasta la elección de un sucesor, prevista antes del regreso del Parlamento en septiembre. Starmer justificó su decisión argumentando que priorizó el interés nacional en todas sus acciones y que su partido cuestionaba su capacidad para liderarlo en futuras elecciones. Asumió el liderazgo del Partido Laborista en un momento de debilidad y destacó la victoria electoral de 2024. El proceso para elegir a su reemplazo comenzará el 9 de julio, con el objetivo de asegurar una transición ordenada. Starmer se comprometió a apoyar plenamente a su sucesor, afirmando haber dejado el país mejor preparado para los desafíos futuros. Su renuncia se produce en un contexto de creciente presión interna debido a la caída de la popularidad de su gobierno y resultados electorales desfavorables.
