La relación entre la UEFA y la FIFA se mantiene deteriorada, evidenciándose nuevamente en la reciente final del Mundial. El presidente de la UEFA no asistió al evento, un gesto que subraya la creciente disputa entre ambas organizaciones. Esta ausencia no es casual, sino una manifestación de la fractura existente entre las entidades rectoras del fútbol a nivel mundial. La final del Mundial 2026 sirvió como catalizador para intensificar esta tensión. Se desconoce si se realizarán esfuerzos para solucionar las diferencias a corto plazo, pero la situación actual sugiere una polarización continuada. La brecha entre UEFA y FIFA se amplía, generando incertidumbre sobre el futuro de la gobernanza del fútbol internacional.