La reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, a Rusia pone de manifiesto la estrategia de Turquía para fortalecer su posición internacional. Ankara está aprovechando su papel en la diplomacia energética, la crisis ucraniana y las tensiones en Oriente Medio para ampliar su influencia más allá de su membresía en la OTAN. Esta estrategia busca generar palancas de negociación y diversificar sus alianzas en un contexto geopolítico complejo. La visita de Fidan subraya la capacidad de Turquía para navegar entre diferentes polos de poder y promover sus propios intereses. Analistas sugieren que esta política exterior activa responde a una reconfiguración del panorama internacional donde las dinámicas tradicionales están siendo desafiadas. La acción de Turquía se percibe como un intento de llenar vacíos y asumir un rol más protagónico en la escena mundial.
