En Túnez, una profunda desconfianza generalizada lleva a que diversos actores busquen culpables en la institución militar. Durante décadas, el ejército ha sido señalado en momentos de crisis política, conflictos institucionales y tensiones sociales. Esta recurrente acusación se alimenta de un déficit de confianza con raíces culturales, históricas y de otra índole. Aquellos que buscan credibilidad o promover narrativas específicas a menudo recurren a la figura del ejército como chivo expiatorio. A pesar de sus 70 años de historia, el ejército tunecino sigue siendo objeto de teorías conspirativas. El fenómeno refleja la fragilidad de la confianza pública en las instituciones del país.