Túnez enfrenta una crisis de gestión de residuos agravada por una intensa ola de calor que supera los 40°C. Las calles de la capital están inundadas de basura, con los contenedores desbordados y los desechos acumulándose en aceras y carreteras. La situación, particularmente visible durante la primera semana de agosto, representa un problema de higiene y salubridad en la ciudad. Esta acumulación de residuos ha generado preocupación entre los residentes y cuestiona la capacidad de las autoridades para mantener la limpieza urbana. La crisis coincide con temperaturas extremas, empeorando las condiciones sanitarias y el impacto visual en la capital. La imagen que ofrece Túnez dista mucho de ser la de una capital moderna y funcional, reflejando una falla en los servicios básicos.