La política de integración promovida por Donald Trump se apoya en las relaciones establecidas con los países del Golfo, Turquía y los logros conseguidos en Siria. Sin embargo, el progreso en Irak se ve complicado por la influencia de Irán y la posibilidad de que se reanuden los conflictos en la región. La creciente presencia y poderío iraní representan un obstáculo significativo para la estabilidad en Irak. Esta situación crea un panorama complejo donde la posibilidad de nuevos enfrentamientos es una preocupación constante. La estrategia de Trump busca, aparentemente, contrarrestar la influencia iraní a través de sus alianzas regionales. La situación en Siria es vista como un punto de apoyo para esta estrategia de contención. La estabilidad de Irak, por lo tanto, depende en gran medida de la gestión de estas tensiones geopolíticas y la evolución de las relaciones entre los actores clave.