La administración de Barack Obama negoció un acuerdo nuclear con Irán en 2015, buscando limitar su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones económicas. Donald Trump retiró a Estados Unidos de este acuerdo en 2018, reimponiendo sanciones y adoptando una política de “máxima presión” sobre Teherán. A diferencia del acuerdo de Obama, la estrategia de Trump no incluyó un pacto formal para restringir las actividades nucleares iraníes. Expertos señalan que la retirada de Trump permitió a Irán avanzar en su enriquecimiento de uranio. Actualmente, la administración Biden busca opciones para revertir la situación, aunque las negociaciones para un posible retorno al acuerdo original se encuentran estancadas. La principal diferencia radica en que uno fue un acuerdo multilateral con restricciones verificables, mientras que el otro fue una política de presión sin un marco formal. El futuro del programa nuclear iraní y la estabilidad regional dependen de las decisiones que se tomen al respecto.