El presidente Donald Trump pronunció un discurso fuertemente patriótico en Mount Rushmore, en vísperas del 250 aniversario de Estados Unidos, donde alertó sobre un supuesto ataque a la identidad estadounidense. Trump criticó a "radicales y extremistas" internos y denunció una “resurgencia de la amenaza comunista” en el país. Acusó que existe un intento de cambiar el carácter excepcional de Estados Unidos y de alienar a sus ciudadanos de su historia. El mandatario elogió el excepcionalismo americano y a sus líderes pasados, contrastando esto con lo que considera una amenaza de la izquierda anti-establishment. A pesar de que su retórica fue menos virulenta que en discursos anteriores, el mensaje central fue claro: se debe amar lo que se ha construido en Estados Unidos, independientemente del lugar de nacimiento. El discurso, pronunciado frente a las icónicas cabezas talladas en la montaña, se interpretó como un intento de Trump de consolidar su imagen como un líder histórico.