Durante los últimos veinticinco años, la posible guerra con Irán representa uno de los mayores fracasos militares de Estados Unidos en Medio Oriente. A diferencia de intervenciones previas en Afganistán, Irak, Yemen, Libia o Siria, Irán ha resistido los intentos de cambio de régimen por parte de Washington. Este conflicto no se limitaba a la suerte de un gobierno, sino que implicaba una confrontación estratégica más amplia entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. La administración Trump, con su retirada de acuerdos nucleares y aumento de tensiones, buscaba un escenario que finalmente no se materializó. Este resultado frustra un objetivo clave para el gobierno de Netanyahu, quien veía en una acción militar contra Irán una forma de consolidar la seguridad israelí y la influencia regional. La situación actual redefine las dinámicas de poder en la región y plantea nuevos desafíos para la política exterior estadounidense.