La administración Trump vinculó el apoyo a presidentes latinoamericanos con su alineación política y económica con Estados Unidos. Documentos revelan que la Casa Blanca utilizó sanciones y la revocación de visas como herramientas para presionar a gobiernos de la región. Estas medidas se aplicaron a opositores de los aliados de Trump, buscando debilitarlos. A cambio, la administración exigía lealtad explícita y una mayor apertura a la inversión y el intervencionismo estadounidense en la región. Esta estrategia buscaba consolidar la influencia de Washington y promover sus intereses en América Latina. La política de Trump generó controversia y tensiones diplomáticas con varios países. El análisis detalla cómo la relación bilateral se convirtió en una transacción política.