La administración Trump considera la posibilidad de un ataque militar limitado contra Irán, generando preocupación internacional. Esta estrategia, según fuentes consultadas, no busca una escalada bélica a gran escala, sino presionar a Teherán para que vuelva a la mesa de negociaciones sobre su programa nuclear. La Casa Blanca acusa a Irán de desestabilizar la región y de violar los términos del acuerdo nuclear de 2015, del que Estados Unidos se retiró en 2018. Expertos advierten que un ataque podría tener consecuencias impredecibles y aumentar las tensiones en Medio Oriente. El gobierno estadounidense busca evitar una guerra total, pero la posibilidad de errores de cálculo y una escalada no intencionada es alta. La estrategia de "presión máxima" de Washington, que incluye sanciones económicas severas, hasta ahora no ha logrado los resultados deseados en términos de negociación.