Laura Loomer, una activista de extrema derecha cercana a Donald Trump, realizó una visita a la Lavra de Kyiv-Pechersk, un importante monasterio ortodoxo ucraniano. Durante su visita, observó los daños causados por ataques con drones rusos. Loomer, quien previamente había expresado retórica favorable al Kremlin y se opuso a la ayuda a Ucrania, admitió públicamente que estaba equivocada. Afirmó que Rusia había atacado el corazón del cristianismo. Este cambio de postura es significativo considerando su anterior apoyo a las políticas rusas y sus comentarios críticos hacia Ucrania. Su visita parece significar una reconsideración de sus puntos de vista frente a la realidad de la guerra y su impacto en lugares religiosos.