La Bolsa de Tokio experimentó una fuerte caída este lunes, con el índice Nikkei perdiendo más de 1800 puntos y cayendo por debajo de los 63.000. El descenso se atribuye a la creciente preocupación por el deterioro de la situación en Irán, tras el anuncio de Estados Unidos sobre nuevos ataques en territorio iraní. Esta escalada de tensiones ha provocado un aumento en los precios futuros del petróleo, intensificando la presión de venta en el mercado japonés. Los inversores reaccionaron con cautela ante la incertidumbre geopolítica. Analistas señalan que la volatilidad podría persistir mientras la situación en Oriente Medio siga siendo inestable. El mercado espera ahora nuevos desarrollos y posibles respuestas por parte de Irán.