El Kremlin está construyendo una red de células de extrema izquierda en Estados Unidos y Reino Unido, similar a su enfoque con grupos de extrema derecha. Esta iniciativa se disfraza de diplomacia partidista y solidaridad internacional, comenzando con actividades aparentemente inofensivas como jornadas de limpieza y clubes de debate. No obstante, el objetivo final es movilizar a estos grupos para manifestaciones anti-OTAN, actos de sabotaje y potencialmente, acciones más agresivas. Moscú utiliza estas redes para promover sus intereses geopolíticos, explotando ideologías de izquierda para fines subversivos. La investigación revela cómo estas células son reclutadas y manipuladas para desestabilizar a las naciones occidentales. La estrategia rusa busca sembrar la discordia y socavar la unidad de la OTAN a través de la manipulación ideológica y el apoyo encubierto a movimientos extremistas.

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