Un estudiante de secundaria en Taranto, Italia, inicialmente se negó a presentarse al examen final, alegando que la educación no era necesaria para sus actividades ilícitas – el tráfico de drogas. El profesor, al enterarse, intervino y ofreció al joven una comida en un restaurante de comida rápida después del examen escrito. Esta simple muestra de interés y conexión personal, combinada con una conversación sincera, logró conmover al estudiante. El profesor lo convenció para que se presentara al examen, demostrando un genuino afecto que el joven no esperaba. Tras la prueba, el alumno expresó su emoción, admitiendo que nunca había pensado que alguien se preocupara verdaderamente por él. Este incidente destaca la importancia de la relación entre estudiantes y profesores y el impacto positivo que un mentor puede tener en la vida de un joven en riesgo.