El ensayo explora Taiwán no como una entidad geopolítica, sino como un cuerpo que aún siente las heridas de su pasado colonial, la masacre del 28 de febrero y el Terror Blanco. La isla busca sanar a través de la creación de monumentos conmemorativos, la cartografía alternativa indígena y la peregrinación a Mazu. Estas prácticas reimprimen las cicatrices históricas en el territorio, un proceso que el autor describe como “re-membering” – literalmente, volver a juntar las partes, pero también recordar. Al re-inscribir sus traumas en el mapa, Taiwán se reconcilia con su historia. El cuerpo de la isla, entonces, se convierte en un archivo vivo de memoria y un espacio para la resolución del dolor. La sanación taiwanesa se relaciona directamente con el reconocimiento y la representación de su pasado traumático.