El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, modificó su estrategia comunicativa en relación a casos de corrupción política. Tras un año de disculpas y consideración de dimisión por el ‘caso Cerdán’, ahora busca responsabilizar a la oposición, específicamente a Isabel Ayuso, de la falta de transparencia. Este cambio de enfoque implica un ataque directo a la imagen de la oposición en materia de ética y limpieza política. La nueva táctica sugiere que Sánchez se posiciona como un líder que sí busca la transparencia, contrastando con la supuesta actitud de sus adversarios. El objetivo es desviar la atención de sus propios problemas y poner en duda la integridad de sus oponentes. Esta estrategia se produce en un momento de tensión política y a medida que se acercan nuevas citas electorales.
