La crisis en el Golfo Pérsico está reconfigurando el papel de Siria en la región. El país, devastado por la guerra y las sanciones, podría convertirse en una ruta alternativa para el transporte de combustibles fósiles. El gobierno sirio espera que esta nueva función genere ingresos para la reconstrucción nacional. Sin embargo, la inestabilidad persistente, marcada por la violencia sectaria y las tensiones sociales, dificulta la atracción de inversión extranjera necesaria para desarrollar esta infraestructura. La viabilidad de Siria como socio energético clave depende de la superación de estos desafíos. La situación actual presenta a Siria como una posible solución logística en un contexto geopolítico complejo. A pesar de las esperanzas de Damasco, el futuro de la inversión sigue siendo incierto.
