La disminución de la ayuda humanitaria internacional, especialmente de Estados Unidos, agrava la situación en Siria, afectando principalmente a la región noroeste del país. Cientos de miles de desplazados internos, que esperaban regresar a sus hogares tras la caída del régimen de Assad, permanecen en campamentos improvisados debido a la destrucción de sus pueblos. La reconstrucción necesaria para su retorno se vislumbra como un proceso largo y complejo. Las condiciones de vida en los campamentos se deterioran progresivamente, poniendo en riesgo la sostenibilidad de infraestructuras esenciales como hospitales. La falta de fondos amenaza con el cierre de servicios básicos para una población vulnerable. La incertidumbre sobre el futuro mantiene a los desplazados en una situación precaria y prolongada.