Siria ha acordado disminuir sus importaciones de petróleo ruso, marcando un cambio significativo en su política de suministro energético. Este movimiento se produce en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y un esfuerzo de Washington por limitar la influencia de Moscú en la región. A principios de año, Rusia se había convertido en el principal proveedor de crudo para Siria, aumentando considerablemente sus envíos. Sin embargo, Damasco ahora busca fuentes alternativas de petróleo, buscando aparentemente estrechar lazos con Estados Unidos. Esta decisión refleja una posible reorientación de la política exterior siria y su deseo de diversificar sus alianzas. El acuerdo podría tener implicaciones importantes para el mercado energético regional, así como para la dinámica de poder en el conflicto sirio.