Siria y Rusia han alcanzado un acuerdo para redefinir la presencia militar rusa en territorio sirio. Las bases de Humajmim y Tartus, cruciales para el apoyo al régimen de Bashar al-Assad, serán transformadas en centros de entrenamiento en los próximos tres meses. Este cambio implica una reducción del apoyo militar directo y una transición hacia un enfoque en la capacitación. La infraestructura civil que actualmente está bajo control ruso volverá a la administración de Damasco. El acuerdo parece indicar un cambio en la dinámica de la influencia rusa en la región, priorizando ahora la formación y el desarrollo de capacidades sirias. Se interpreta como una posible pérdida de influencia directa por parte de Rusia en el país. Este movimiento podría reconfigurar el panorama geopolítico en Oriente Medio.