Un colegio privado en Sídney, Redeemer Baptist School, destaca por sus altos resultados académicos y costos moderados. Sin embargo, exalumnos denuncian un nivel de control excesivo que se extiende hasta aspectos personales de la vida estudiantil, incluyendo la ropa interior que deben usar. Esta rigidez ha generado en algunos estudiantes la sensación de estar atrapados y sin autonomía. Las estrictas normas buscan aparentemente mantener un ambiente disciplinado y un estándar específico. La escuela no ha respondido directamente a las acusaciones, pero defensores argumentan que las reglas son necesarias para el buen funcionamiento del colegio. La controversia plantea interrogantes sobre los límites entre disciplina y control en la educación privada. El debate se centra en el impacto de estas políticas en el bienestar y la libertad de los alumnos.
