Un bañista descubrió una mina oxidada frente a las costas de Pieria, en el norte de Grecia. El artefacto explosivo se localizó a una profundidad de apenas 1,5 metros y a unos diez metros de la orilla. Las autoridades fueron notificadas inmediatamente tras el hallazgo. Se desconoce el origen y la antigüedad exacta de la mina, pero su estado de oxidación sugiere que ha permanecido sumergida durante un largo período. Se han implementado medidas de seguridad para asegurar la zona y se espera que expertos la neutralicen próximamente. Este descubrimiento subraya los riesgos potenciales de artefactos bélicos sin explotar en las aguas griegas, legado de conflictos pasados.
