Un sueco, conocido como "Lillebror" en su país, experimenta una curiosa situación al viajar. En un hospital, una desconocida lo llama "Tobias" casi instantáneamente. En Finlandia, simplemente lo conocen como "Pettersson". El hombre se pregunta por qué su nombre recibe tratamientos tan diferentes dependiendo del país. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la percepción de la identidad y la facilidad con la que se adaptan los nombres a diferentes culturas. La historia explora cómo la familiaridad cultural influye en la forma en que las personas se dirigen a otros. El autor busca entender las razones detrás de estos cambios de nombre inesperados y la importancia que se le da al nombre propio en distintas sociedades.