El gobierno sueco presentó una nueva propuesta de política cinematográfica que prioriza un mayor enfoque en el público y una oferta cinematográfica más diversa. La iniciativa reduce el número de objetivos específicos para la producción de películas, buscando una mayor flexibilidad. Un punto clave es la decisión de no implementar un impuesto a las plataformas de streaming, argumentando que tal medida podría desincentivar la inversión tanto nacional como extranjera en la industria cinematográfica sueca. La ministra de Cultura, Parisa Liljestrand, defendió esta postura, enfatizando la importancia de mantener un clima atractivo para las inversiones. La nueva política busca fomentar un sector audiovisual más dinámico y accesible para el público. Se espera que estas medidas impulsen la producción y distribución de películas suecas, adaptándose a las nuevas tendencias del mercado. El objetivo final es fortalecer la posición de la cinematografía sueca a nivel nacional e internacional.